Mientras muchas marcas se ahogan intentando publicar a diario, el videógrafo madrileño Víctor Marfil propone darle la vuelta al problema: rodar mucho y de una sola vez. Su sistema, bautizado como Sprint Audiovisual, promete meses de contenido a partir de una sola jornada de cámara.
Hay una idea que Víctor Marfil repite a casi todos los negocios que llaman a su puerta: la mayoría no tiene un problema de marca, tiene un problema de producción. Saben que el vídeo vertical es lo que hoy mueve seguidores, ventas y clientes, pero publicar a diario acaba dependiendo de la inspiración, del tiempo libre del equipo y de un móvil con prisas. El creador de contenido lleva tiempo observando ese cuello de botella, y su respuesta tiene nombre propio: Sprint Audiovisual.
La premisa es tan sencilla como contraintuitiva. En lugar de rodar poco y a menudo —caro, lento y agotador—, Marfil concentra toda la producción en una única jornada intensiva. De esa sesión, su equipo extrae una batería de hasta 30 reels, suficiente para alimentar varios meses de calendario. A un ritmo de dos o tres publicaciones semanales, una sola entrega cubre un trimestre entero de programación continua.
Detrás de esa aparente simpleza hay un método por fases que el madrileño defiende como la clave de que todo salga fino. Antes de tocar la cámara dedica las primeras semanas a la estrategia: auditoría de las redes del cliente, estudio de la competencia y definición de tono, territorios y línea editorial. Después llega la preproducción —guiones validados con el cliente, shotlist, atrezzo, localizaciones y una agenda milimetrada para exprimir cada jornada— y, por fin, el rodaje, con equipo de dirección, cámara, iluminación y sonido capturándolo todo de una tacada. La edición cierra el círculo: montaje vertical, subtítulos, grafismo y música con licencia, con rondas de validación en las que, insiste, nada se publica sin el visto bueno del cliente.
Uno de los rasgos que más reivindica es que no trabaja solo. VMARFIL no es un estudio anónimo, sino su propia marca personal respaldada por un equipo de profesionales de confianza; esa estructura, explica, es la que le permite estar en varios frentes a la vez sin que la calidad tiemble en ninguno. Es también lo que hace viable rodar decenas de piezas en una sola jornada sin que el resultado huela a prisa.
El catálogo de formatos que rota es deliberadamente versátil, pensado para encajar en cualquier sector: transformaciones y «antes/después», procesos en macro de corte satisfying, consejos de experto, testimonios reales, piezas tipo «un día en…», desmontaje de mitos, datos de autoridad en clave dinámica o algún trend del momento adaptado al lenguaje de la marca. Cada formato se multiplica por cada línea de negocio del cliente, lo que en la práctica convierte una sola sesión en una cantera de contenido casi inagotable.
¿Y el coste? Aquí Marfil defiende que su modelo es, ante todo, una cuestión de eficiencia. El sprint se cierra con un pago único en función del alcance del proyecto, frente a los 150 a 800 euros que puede costar producir un vídeo suelto. El argumento, en el fondo, cabe en la frase que el propio videógrafo usa como lema: se rueda una vez y se publica durante meses.
¿Tu marca también necesita dejar de improvisar en redes y empezar a publicar con cabeza?